Esta capilla tiene su origen en una sencilla cruz callejera, y en la voluntad de varios vecinos y vecinas de la zona. Fundada en 1758 por Diego Hernández de Villavicencio, del gremio de los labradores, quedó casi abandonada tras la muerte de su promotor. En 1841 la familia del sacerdote e historiador José Rodríguez Moure la restaura y pone al culto, enriqueciendo en buena parte su patrimonio artístico. Desde entonces se conoce como capilla Rodríguez Moure.

De estructura sencilla y cubierta a cuatro aguas, destaca su amplia puerta de cuarterones moldurados, enmarcada en un imponente arco de medio punto de piedra labrada.